El Ghibli es un viento potente y cálido del norte de África que arrastra consigo una gran cantidad de arena; la decisión de tomar su nombre no fue casual, dada la velocidad del coche y la “calidez” de sus especificaciones técnicas y estilísticas.
En su presentación del Ghibli, Maserati propuso un coche con una impresión deportiva pero sin ostentación: el motor era de nuevo diseño, basado en la experiencia del conocido 8 cilindros utilizado en el México. Podía entregar una potencia de 330 CV en la versión de 4.700 cc, y fue seguido por una versión aún más potente de 4.900 cc.

Para dejar más espacio al estilo bajando la altura del capó, el motor se equipó con un cárter seco -una solución utilizada únicamente en competición- y se montó en el chasis tubular, muy abajo. Esta solución dio al coche su aspecto típicamente asertivo y esbelto, una de las piedras angulares de su éxito.

El diseño se confió a Ghia, que entonces contaba con Giorgetto Giugiaro en su equipo de diseño creativo. La clave de diseño más significativa -el marcador de un cambio decisivo respecto a los predecesores del Ghibli- fue la integración de los volúmenes: no había distinción entre la carrocería del coche y el habitáculo; no estaban separados ni superpuestos, sino unidos como una sola superficie. Aunque las líneas eran geométricas y tensas, la mano de Giugiaro se encargó de suavizar la sensación de rigidez.

La novedad estilística más evidente era el frontal, definitivamente original de Maserati: los faros eran retráctiles y la parrilla, muy fina, ocupaba todo el frontal del coche. El logotipo del Tridente seguía en el centro, aunque más pequeño que antes.
La vista lateral realzaba la esbelta línea del Ghibli: un capó largo y bajo, un parabrisas muy inclinado, proporciones perfectas sin decoración superflua. El pilar trasero triangular adquirió identidad propia, convirtiéndose en un componente icónico retomado posteriormente en otros modelos de éxito de la marca del Tridente.
Los cambios respecto al pasado también se apreciaban en la concepción del interior biplaza, donde los instrumentos se integraban en un diseño global que prevalecía sobre los componentes individuales.
El resultado fue un coche de gran turismo que se mantuvo fiel al estilo exclusivo y lujoso, a la potencia y al confort -aunque con un tema general de carreras- por el que siempre han destacado los coches Maserati.
Tras su presentación en el Salón del Automóvil de Turín el 3 de noviembre de 1966, el Ghibli se lanzó al mercado en 1967. Al año siguiente, se rediseñó su interior y también podía equiparse bajo pedido con transmisión automática, así como con una caja de cambios manual de 5 velocidades. A partir de 1969, también estuvo disponible la versión Spyder, que podía equiparse con una capota rígida; un año más tarde, ambos modelos se ofrecieron también con un motor de 4.900 cc, tomando el nombre de Ghibli SS. Con esta configuración, el coche reforzó aún más su sólida posición en el mercado.

En total, entre 1967 y 1972 se fabricaron 128 Ghibli Spyder y más de 1.200 Ghibli coupé: uno de ellos fue adquirido por Henry Ford (nieto del fundador), que lo colocaría en el vestíbulo del Centro de Desarrollo de Productos Ford de Detroit, como ejemplo a seguir y fuente de inspiración.

Una inspiración que nunca ha cesado en la marca del Tridente: el Ghibli siempre se ha considerado un coche icónico. En 2013, Maserati decidió presentar un nuevo modelo, recuperando el nombre Ghibli para una berlina deportiva y comenzando así otra historia de éxito.
