Delivered in 1933 to a British customer, the ROYALE Park Ward houses the aviation-derived straight-eight that powers every example.

Un siglo de extraordinarias historias: BUGATTI celebra los 100 años del Type 41 ROYALE

Hace un siglo, Ettore Bugatti se propuso crear un automóvil sin precedentes: más rápido, más elegante y más lujoso que los de su época, concebido como una muestra de lo que el automóvil podía llegar a ser cuando la maestría en ingeniería, el refinamiento y la artesanía sin concesiones se unían en un solo conjunto. El resultado fue el BUGATTI Tipo 41 ROYALE.

La leyenda del ROYALE empezó incluso antes de que su famoso nombre se consolidara del todo. En junio de 1926, la prensa británica de la época describía este coche, que aún era todo un misterio, como «el BUGATTI dorado» entre quienes lo habían visto: un nombre muy evocador para un coche cuya ambición y presencia parecían casi incomparables.

Cuando se presentó en 1926, el ROYALE era el coche más grande y ambicioso que BUGATTI había fabricado jamás. Medía más de seis metros de largo, con una distancia entre ejes de unos 4,3 metros y, en su versión de serie, llevaba un motor de ocho cilindros en línea de 12,8 litros que desarrollaba unos 300 PS. Estaba pensado para la clientela más distinguida que te puedas imaginar: un coche digno de emperadores, reyes y reinas.

Al final solo se fabricaron seis, cada uno de ellos totalmente único, con una carrocería y un carácter propios. Un siglo después, siguen siendo una muestra perdurable de la determinación de Ettore Bugatti por crear un automóvil que no se ajustara a ninguna convención, sino únicamente a su propia visión.

El primer prototipo del ROYALE fue aún más allá, superando las ya de por sí impresionantes especificaciones de los coches que le siguieron. Su motor de ocho cilindros en línea tenía una cilindrada de unos 14,7 litros, antes de que la arquitectura definitiva del ROYALE se estableciera en 12,8 litros. Bajo el inmenso capó se escondía una ingeniería que reflejaba la incomparable ambición de Ettore, con un avanzado sistema de válvulas y lubricación por cárter seco, entre otras características de un motor diseñado para impulsar con notable autoridad un coche que pesaba alrededor de 3,5 toneladas. BUGATTI registra una velocidad máxima de hasta 200 km/h, una velocidad asombrosa para un coche de tal envergadura en su época.

Sus proporciones servían de lienzo para algunas de las mejores carrocerías de la época, con carrocerías de la propia BUGATTI y de casas tan famosas como Weymann, Kellner, Weinberger, Binder y Park Ward. El concepto mecánico era el mismo, pero la forma que adoptaba cada ROYALE dependía de la interpretación de su carrocero y, en algunos casos, del propio propietario.

Pocos ROYALE encarnan esa evolución con mayor claridad que el coche que se convirtió en el Coupé Napoléon. A lo largo de su vida, ese mismo prototipo lució varias carrocerías diferentes. Entre ellas había una elegante carrocería de techo fijo de Weymann, que quedó destrozada en un grave accidente a principios de la década de 1930. Lo que surgió a continuación fue toda una obra maestra del diseño automovilístico, ya que Jean Bugatti se puso manos a la obra para convertir el coche en el magnífico Coupé Napoléon, la versión por la que se le conoce aún hoy en día.

Su imponente tamaño se veía contrarrestado por la pureza y la sofisticación características de la filosofía de diseño emergente de Jean. Un techo acristalado inundaba de luz el habitáculo trasero, mientras que el chófer iba sentado por separado en la parte delantera. El Coupé Napoléon se convirtió en el coche personal de Ettore Bugatti y ahora se encuentra en el Musée National de l’Automobile – Colección Schlumpf, en Mulhouse. Además, es una de las primeras muestras de la extraordinaria relación creativa entre Ettore y Jean: un padre de una determinación descomunal y un hijo que definía cada vez más el lenguaje estético que hay detrás de algunas de las creaciones de BUGATTI más admiradas de todos los tiempos.

No había dos ejemplares iguales, como demuestra el ROYALE de Armand Esders. Este industrial textil parisino se convirtió en el primer cliente particular de un ROYALE, encargando el chasis 41111 con una elegante carrocería roadster diseñada por Jean Bugatti. Esders tenía pensado usar su coche solo durante el día, así que se consideró que los faros no eran necesarios y se prescindió de ellos por completo.

Al más puro estilo BUGATTI, la petición funcional del cliente se transformó gracias al poder del diseño para conseguir una mayor elegancia. Casi un siglo antes de que existieran BUGATTI Sur Mesure y el Programme Solitaire, el ROYALE ya demostraba el instinto de la marca por adaptar cada encargo a los gustos y la personalidad de sus propietarios.

Hasta los detalles más pequeños reflejaban la magnitud de la visión de Ettore. En 1932, encargó a Breguet la creación de una serie de nueve cronógrafos mecánicos destinados al centro de los volantes ROYALE. Grabados con la inscripción «Spécial pour BUGATTI», estos instrumentos combinaban un cronógrafo, un tacómetro y una reserva de marcha de ocho días: una exquisita unión entre la ingeniería automovilística y la alta relojería, mucho antes de que este tipo de colaboraciones se convirtieran en parte del mundo del lujo actual.

A pesar de toda su magnificencia, el ROYALE salió al mercado justo en el peor momento económico posible. La crisis financiera mundial frenó la demanda de un modelo reservado a una clientela casi imposiblemente exclusiva, y BUGATTI acabó fabricando solo seis ejemplares en lugar de la serie más amplia que Ettore había imaginado. Sin embargo, lo que en su momento supuso un reto comercial no hizo más que reforzar el estatus posterior del ROYALE como una de las obras maestras del automovilismo más raras y codiciadas que se han creado jamás. Esto quedó demostrado de forma espectacular en noviembre de 1987, cuando el ROYALE con carrocería Kellner salió a subasta en Christie’s, en el Royal Albert Hall de Londres, y se vendió por 5,5 millones de libras, estableciendo un récord mundial para un coche en subasta en aquel momento —más de medio siglo después de que Ettore concibiera por primera vez el Tipo 41.

BUGATTI celebró recientemente el centenario del inicio de la historia del ROYALE. Durante el Festival Bugatti, celebrado en septiembre de 2026, tres de los seis ROYALE se reunieron en la sede de la marca para que los clientes, coleccionistas y aficionados de BUGATTI de todo el mundo pudieran admirarlos. Junto al Coupé Napoléon, al que todavía se conoce cariñosamente como el «Coupé du Patron», se encontraban otros dos ROYALE, cada uno con su propia historia.

El ROYALE con carrocería Binder, de la Autostadt, empezó siendo el roadster de Armand Esders antes de que Henri Binder lo transformara en un Coupé de Ville blindado, cuya silueta recuerda discretamente al Coupé Napoléon. La limusina Park Ward, por el contrario, se entregó en 1933 a un cliente británico. Bajo su carrocería cerrada se esconde el motor de ocho cilindros en línea del ROYALE, de origen aeronáutico. Sin embargo, desde el volante de nogal hasta los pomos de hueso de ballena, los tres comparten los mismos detalles característicos, y en cada radiador se alza el elefante esculpido por el hermano de Ettore, Rembrandt.

Un siglo después, los principios que dieron forma al ROYALE siguen guiando el enfoque de BUGATTI a la hora de crear coches sin igual. Desde el VEYRON y el CHIRON hasta el TOURBILLON, la búsqueda del rendimiento continúa de la mano de una atención igual de exigente al diseño y la artesanía, celebrando la emoción que un coche puede inspirar.

«El ROYALE nos dice quizá más sobre Ettore Bugatti que casi cualquier otro coche que creara. Detrás de él había una confianza auténtica; la convicción de que el tamaño podía seguir siendo sinónimo de elegancia, de que una potencia inmensa podía ser refinada y de que la ingeniería, el arte y un toque verdaderamente humano nunca debían separarse. Hoy en día, estas historias nos permiten ver más allá del propio coche y comprender a las personas, la imaginación y la ambición sin límites que le dieron vida. Por eso el ROYALE sigue siendo una parte tan importante del legado vivo de BUGATTI, y se seguirá atesorando durante innumerables generaciones venideras».

Luigi Galli
, experto en patrimonio y certificación de BUGATTI