Sobre la cubierta de un cuenco de hormigón, en Múnich, descansa un emblema de BMW de 40 metros de diámetro que solo puede leerse desde lo alto. Karl Schwanzer proyectó el cuenco como museo de la empresa, junto a los cuatro cilindros suspendidos de su sede, y ambos edificios se inauguraron el 18 de mayo de 1973. Dentro, un kilómetro de rampas y puentes serpentea a través de un siglo de BMW, desde la primera moto hasta el roadster que Elvis Presley conducía en sus tiempos de soldado en Alemania.
El museo guarda las historias que forjaron la empresa, y también una que calló durante mucho tiempo. Una moto dibujada en pocas semanas fijó el molde del que BMW no se ha apartado desde entonces. Un mismo hombre estrenó el 328 con una victoria y, un año después, rodó en moto más deprisa de lo que nadie lograría en los 14 años siguientes. Un roadster blanco se volvió rojo porque los admiradores de su dueño escribían en él con carmín, desapareció durante medio siglo y volvió a casa sin motor. Y en una sala, la empresa expone cómo empleó durante la guerra la mano de obra de prisioneros de campos de concentración.
En breve
- El museo se inauguró el 18 de mayo de 1973, a la vez que la sede de BMW contigua; ambos edificios son obra del arquitecto vienés Karl Schwanzer.
- En 2004 cerró para una remodelación a cargo de Atelier Brückner y reabrió el 21 de junio de 2008 con una superficie de exposición cinco veces mayor que la anterior.
- Un recorrido de alrededor de un kilómetro atraviesa 25 áreas repartidas en siete casas de exposición, sobre 5.000 metros cuadrados.
- Se exponen unas 125 piezas originales: coches, motos, motores de aviación y motores de competición.
- Desde 1999, el museo y la sede están protegidos como monumento.
- En 2025 el museo recibió más de 847.000 visitantes, la cifra más alta de su historia.
Historia
BMW tuvo un museo antes de tener un edificio que lo albergara. En 1966 abrió un museo de fábrica en la planta de Múnich, y a finales de los años sesenta el Consejo de Dirección decidió construir un museo para el conjunto de la empresa, junto a la nueva sede que proyectaba en el límite del recinto olímpico de Múnich. El concurso lo ganó el vienés Karl Schwanzer. Se eligió su torre frente a un bloque convencional de siete plantas, y el 2 de diciembre de 1968 el museo se sumó a ella en el mismo contrato. El 28 de julio de 1970 se dio la primera palada, mientras la ciudad levantaba su parque para los Juegos de 1972.
La sede es una paradoja de acero y hormigón. Sus cuatro cilindros no se apoyan en el suelo: cuelgan de una cruz de acero colocada sobre la cubierta, que a su vez descansa en un núcleo central de 99,5 metros de altura, y así quedan en suspensión 16.800 toneladas de edificio. Las plantas más altas se construyeron primero, a ras de suelo, y después se elevaron hidráulicamente a razón de unos cuatro metros por semana, de modo que la torre creció de arriba abajo. Se terminó en el verano de los Juegos, y para la ceremonia inaugural BMW colgó en sus fachadas este y oeste unos emblemas de lona, allí donde podía verlos el gentío del Estadio Olímpico.
El museo que se alza a sus pies es un cuenco de hormigón de paredes finas, de 40 metros de diámetro a la altura de la cubierta, y Schwanzer concibió su interior como un entramado de calles y plazas. Una rampa en espiral llevaba al visitante hacia abajo, junto a cinco plataformas redondas que parecían flotar, y el emblema del tejado no se trazó para nadie con los pies en el suelo. La torre y el cuenco se inauguraron juntos el 18 de mayo de 1973. En 1999, ambos quedaron protegidos como monumento.
En 2004 el museo cerró durante cuatro años. Atelier Brückner, de Stuttgart, unió el cuenco al edificio bajo contiguo y añadió lo que el estudio llamó puentes y casas: siete casas de exposición, cada una con su propia fachada, enlazadas por rampas que se adentran en el espacio como si no pesaran nada, sobre suelos de asfalto. El museo reabrió el 21 de junio de 2008 con cinco veces más espacio que antes, y el cuenco que en otro tiempo había albergado el museo entero quedó reservado a sus exposiciones temporales.
La colección
La primera historia que corrige el museo es la que luce cada capó. El emblema no es una hélice. Nació como distintivo de Rapp Motorenwerke, el fabricante de motores de aviación que en 1917 se convirtió en BMW, con el azul y el blanco de Baviera en sus cuadrantes, en orden inverso, porque la ley de marcas no permitía usar los del propio estado. La hélice llegó después, de la mano de un anuncio de finales de la década de 1920 que mostraba el emblema girando en un avión. El propio director del archivo de BMW ha definido el resultado como «un mito que se propaga solo», y la Casa de la Empresa cuenta dónde nació.
La primera moto de BMW se dibujó en pocas semanas. Max Friz y su equipo construyeron la R 32 en 1923 con elementos que, por sí solos, no eran nuevos: un bicilíndrico bóxer montado de través en el bastidor, con los cilindros asomando al aire que los refrigeraba, y la transmisión por cardán, en lugar de por cadena, hasta la rueda trasera. La británica ABC ya había empleado esa disposición del motor. Lo nuevo era el conjunto, y BMW ha construido sus motos según ese patrón desde entonces. La Casa de la Motocicleta sigue ese linaje desde Múnich, donde BMW fabricó motos hasta 1969, hasta Berlín-Spandau, pasando por la R 90 S que Hans A. Muth diseñó en 1973: con sus 200 km/h, una de las motos más rápidas de su tiempo.
Ernst Henne es el nexo entre dos de las historias del museo. El 14 de junio de 1936 ganó la clase de dos litros en la primera carrera del BMW 328, el Eifelrennen del Nürburgring, y el 328 siguió cosechando victorias por toda Europa hasta la guerra. El 28 de noviembre de 1937, en un tramo cerrado de autopista cerca de Fráncfort, llevó una BMW de 493 cc, totalmente carenada y con compresor, a 279,503 km/h. Fue el último de sus récords, y nadie fue más rápido en moto hasta 1951. Aquella moto, conocida como la Máquina del Récord Mundial, espera en la Casa de la Competición, a poca distancia del 328.
Un coche del museo volvió a casa sin motor. El 20 de diciembre de 1958, un soldado de 23 años del Ejército de los Estados Unidos, destinado en Alemania, recibió un BMW 507 blanco, chasis 70079. Se llamaba Elvis Presley. Sus admiradores escribían con carmín sobre la pintura blanca, así que mandó pintarlo de rojo, y cuando dejó Alemania, el coche pasó por otras manos. En 1968 ya era de Jack Castor, que lo conservó durante décadas con la intención de restaurarlo; para entonces le faltaban el motor y la caja de cambios. BMW Group Classic lo compró en 2014, lo expuso en el museo tal como se había encontrado y dedicó después casi dos años a devolverlo al día de su entrega: pintado en «Blanco Pluma» y con su V8 de aluminio de 150 CV reconstruido según las especificaciones originales. Se mostró por primera vez en Pebble Beach el 21 de agosto de 2016. Su sitio está en la Casa de la Tecnología.
En algún lugar del museo hay siempre al menos un Art Car, y no siempre es el mismo. La idea fue de Hervé Poulain, subastador francés y también piloto, que en 1975 pidió a Alexander Calder que pintara el BMW 3.0 CSL con el que iba a correr en Le Mans. Calder trazó franjas de color en diagonal sobre el capó, las puertas y las aletas. El coche abandonó la carrera, y empezó una colección a la que en los años siguientes se unieron Frank Stella, Roy Lichtenstein y Andy Warhol. Robert Rauschenberg, que también pintó uno, resumió la idea en cinco palabras: «Sería estupendo poder conducir museos».
La Casa de la Tecnología argumenta con objetos, no con palabras. Su área de construcción ligera muestra un chasis que una sola persona puede levantar, y su galería de motores es una sala dedicada al primer oficio de la casa, porque BMW construyó motores de aviación antes que ninguna otra cosa. En la Casa de la Competición, los turismos lucen su palmarés sin alardes: el 3.0 CSL y el primer M3, de la generación E30, que según las cuentas de BMW ganó unas 1.500 carreras y 60 campeonatos nacionales, más que ningún otro turismo.
Según la propia BMW, su museo es uno de los más antiguos de Alemania dedicados al automóvil, y se concibió como arquitectura desde el principio: en el mismo encargo que la sede, en el límite del Parque Olímpico. Protegido como monumento junto con la torre desde 1999, es tanto un documento del Múnich de los años olímpicos como un museo de la empresa.
Habla también con franqueza de los años que la mayoría de los museos de empresa pasan por alto. Su Lugar de la Memoria recorre el camino que llevó de los contratos de armamento de los años treinta a la explotación, durante la guerra, de prisioneros de campos de concentración recluidos en subcampos instalados en las propias fábricas de la empresa. BMW lo presenta como parte de su ajuste de cuentas con aquellos crímenes, tras un largo silencio. Es esa sala la que da su peso al resto del museo.
Y lo visitan como a pocos museos: en 2025 pasaron por él más de 847.000 personas, más que nunca en su historia.
Experiencia del visitante
La llegada forma parte de la exposición. Los cuatro cilindros de la sede se alzan en el borde del Parque Olímpico, el cuenco plateado reposa a sus pies y, al otro lado de la Lerchenauer Straße, un puente de casi 93 metros llega desde BMW Welt, el pabellón donde los coches nuevos se entregan a sus propietarios. Vistos en conjunto, son la idea que la empresa tiene de sí misma, construida en hormigón, acero y cristal.
Dentro, el museo está trazado como una ciudad. Los suelos son de asfalto, las casas tienen fachada y las rampas suben entre ellas, de modo que a cada sala nueva se llega como se llega a una plaza: desde la calle. En la Casa del Diseño, 714 esferas metálicas penden de cables de acero gobernados por motores que mueven cada una por su cuenta. En siete minutos pasan del desorden al perfil de un coche, a través de una sucesión de formas que compiten entre sí. Merece la pena esperar al final. Más adelante, una escalera desciende a la cámara del tesoro, donde se guardan juntos los diseños que dieron forma a los coches y las motos de la marca.
El museo merece media jornada. Con BMW Welt al otro lado del puente y la fábrica de Múnich al lado —solo puede recorrerse en visita guiada, reservada con mucha antelación—, la parada se convierte en un día entero: la historia, la nave de entregas y la cadena de montaje de un mismo fabricante, a pocos pasos unas de otras.
Clima
| Mes | Máx. °C | Mín. °C | Precipitación mm | Días de lluvia | Luz diurna h |
|---|---|---|---|---|---|
| Enero | 4° | −3° | 69 | 13 | 8,9 |
| Febrero | 5° | −3° | 60 | 12 | 10,2 |
| Marzo | 10° | 0° | 77 | 14 | 11,9 |
| Abril | 14° | 4° | 72 | 13 | 13,7 |
| Mayo | 18° | 9° | 114 | 16 | 15,2 |
| Junio | 22° | 12° | 114 | 16 | 16,0 |
| Julio | 23° | 14° | 111 | 15 | 15,6 |
| Agosto | 23° | 14° | 106 | 14 | 14,3 |
| Septiembre | 19° | 10° | 88 | 13 | 12,6 |
| Octubre | 14° | 6° | 74 | 12 | 10,8 |
| Noviembre | 8° | 1° | 68 | 11 | 9,3 |
| Diciembre | 4° | −2° | 74 | 14 | 8,4 |
Medias mensuales en München, DE, 1991–2020.
Generado con información del Copernicus Climate Change Service, 2026 (CC BY 4.0).
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Ubicación
El museo se alza en el norte de Múnich, en el extremo nororiental del Parque Olímpico, a seis kilómetros de la Marienplatz y a 33 del aeropuerto de Múnich. El Mittlerer Ring pasa justo al sur, y la A9, que llega de Núremberg, desemboca en él muy cerca; el aparcamiento de BMW Welt queda a unos metros, siguiendo la Lerchenauer Straße, y la U3 para en Olympiazentrum, a unos 500 metros. El Museo Mercedes-Benz de Stuttgart está a 216 kilómetros por la A8, y el Museo Porsche, a 237.
A su alrededor se extiende el Parque Olímpico de 1972, con su estadio bajo las cubiertas tensadas de Günter Behnisch y Frei Otto, y la Torre Olímpica, cuyo mirador, a 190 metros de altura, contempla el cuenco desde lo alto. La Messe München queda 15 kilómetros al este. Al norte, a 80 kilómetros por la A9, el museum mobile de Audi en Ingolstadt suma un segundo museo de marca a la jornada. Al sur, las carreteras suben hacia los Alpes: 30 kilómetros hasta el lago de Starnberg; 75 hasta Kochel am See y el Kesselberg, donde Hans Stuck ganó la subida de montaña en 1934 y 1935; 92 hasta Garmisch-Partenkirchen, y 161 hasta el Salzburgring, al otro lado de la frontera austriaca.
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