
Las carreteras costeras, los puertos de montaña y los relieves volcánicos de Nueva Zelanda la convierten en un destino excepcional para viajes concebidos en torno al paisaje. Una sólida tradición en la competición y la ingeniería aporta profundidad a su cultura del motor. En sus dos islas principales, el terreno cambiante premia a quien se toma su tiempo para descubrir, en lugar de limitarse a sumar kilómetros.
